jueves, 22 de noviembre de 2007

Formación de las palabras (nociones básicas)

Las palabras se forman de letras , que a su vez son representaciones de un sonido. ¿Te imaginas si cada uno formara las palabras como quisiera? ¡Habría tantas palabras como personas! Para poder cumplir con el requisito principal del lenguaje, que es ser útil para comunicarse y entenderse, las palabras no se forman de cualquier manera, sino siguiendo ciertos procedimientos, según los cuales adquieren un significado específico.
Ahora veremos cómo intervienen las partes que constituyen las palabras en los distintos procedimientos que existen para formarlas. Estos procedimientos son tres: la derivación, la composición, y la parasíntesis. Además, revisaremos la formación de palabras complejas o locuciones.


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lunes, 12 de noviembre de 2007

EL ESPAÑOL DE AMÉRICA. EL ESPAÑOL EN EL MUNDO:




1.- El español en el mundo. Situación y perspectivas de difusión.

Nuestro idioma es hoy lengua oficial y/o de cultura de más de 250 millones de hablantes, de los que un 90% lo tiene como lengua materna. Su extensión comprende el suroeste y otras comunidades de los Estados Unidos de América, como Nueva York; Méjico, América Central y Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico, toda América del sur, salvo Brasil y las Guayanas; una minoría en Filipinas, el pueblo sefardí y Guinea Ecuatorial. Algunas de estas maneras del español merecen un comentario detenido.

El judeo-español, o sefardí, nace ya en la Edad Media como un español con ciertas peculiaridades debido al carácter culturalmente cerrado de los judíos hispanos. Tales tendencias se observaban en arcaísmos - el sefardí apocopaba aún en el XIV, un siglo más tarde de lo acaecido en España -, en el calco de construcciones hebreas - como en el genitivo ponderativo del tipo Por los siglos de los siglos - y voces mosaicas - como Quinnán, “compromiso jurado” -. De hecho, el judeo-español de las versiones bíblicas, o judesmo, no corresponde al hablado, de tan ajustado en lo literal a los originales hebreos. El arcaísmo actual se debe a que se conserva con pocas evoluciones el español de los tiempos de la diáspora, que se inicia en 1391 y finaliza un siglo más tarde con el decreto de expulsión de los Reyes Católicos. De este modo, como ejemplo, podemos observar como conservan grupos intervocálicos latino como mb - plombo por plomo-, las prepalatales /s/ y /z/ correspondientes a las grafías x, g y j que caen en el reajuste de sibilantes que se inicia en el XV, o la vacilación entre el mantenimiento y la aspiración de f- inicial latina - fabla por habla-, que en español cae definitivamente en 1520.

Uno de los puntos de destino fue Portugal - de ahí el gran número de lusismos que hoy pervive, como dó, só, estó por doy, soy y estoy- ; también rechazados de allí, se trasladaron a Amsterdam - Spinoza es de ascendencia sefardí - y a otros muchos lugares de oriente. El otro punto de diáspora es el de los países de la cuenca del Mediterráneo: Turquía, todo el Magreb, Palestina, los Balcanes,... En el siglo XX se ha constatado una notable decadencia de esta modalidad del español por múltiples motivos: así, el genocidio nazi casi aniquiló a la numerosa comunidad balcánica; en los países alejados, pequeñas comunidades se adecuaron al idioma circundante, como sucedió en Nueva York; en la misma Israel, el peso de las comunidades europeas orientales, especialmente la mayoritaria eslava, y la uniformidad lingüística basada en el neohebreo han influido negativamente en el sefardí: de hecho el léxico se va empobreciendo y se adoptan términos de las comunidades circundantes; en Marruecos pesa decisivamente la influencia del español moderno. Actualmente se han sintetizado todas las variantes sefarditas en una modalidad inteligible para todo sefardí, en franca regresión y reducido al ámbito familiar, a pesar de varias publicaciones y eventos culturales.

En Filipinas los misioneros impusieron el español como lengua de educación, eclesiástica y administrativa, creándose el chabacano, o dialecto español filipino. No obstante, tras la pérdida de las islas en 1898, Estados Unidos impuso con éxito la cooficialidad del inglés y el tagalo, lengua autóctona. El español se fue reduciendo rápidamente al ámbito familiar de generaciones ya envejecidas que no encontraron relevo en su descendencia, quedando hoy como sustrato del inglés y el tagalo.

En el ámbito americano, el español es cooficial con el quechua en Perú, y con el guaraní en Paraguay. En Puerto Rico, estado libre asociado a los EE.UU., el inglés fue la lengua oficial desde 1902. En 1949, el Ministerio de Instrucción Pública decretó la presencia del español en el ámbito docente y, tras sucesivas tensiones, en 1991 el español vuelve a ser idioma oficial en Puerto Rico mediante la llamada Ley 417. Actualmente el español no ha conseguido desbancar al inglés de los ámbitos tecnológicos y financieros.

Las perspectivas de unidad del español son esperanzadoras, varios factores han contribuido a ello: nuestro idioma llega a América entre los siglos XVI y XVII, cuando está ya muy cohesionado; la unidad normativa se refleja de un modo muy fuerte y ha conseguido que las diferencias sean sólo orales y, en parte, léxicas.
La labor de la confederación de las Academias de la Lengua y del Instituto Cervantes ha tenido mucho que ver con esta cohesión, que se refleja en el creciente mundo audiovisual latino, cada vez más autónomo y pujante aun en los EE.UU. Por otro lado, los flujos migratorios, más que turísticos, han ayudado al contacto directo entre los diferentes países hispanoamericanos y España.


2.- El español de América.



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