martes 7 de julio de 2009

Variedades dialectales del español actual en España

Actualmente, en España, nos encontramos con las siguientes variedades dialectales del castellano o español:

1.- Variedades septentrionales: navarro y riojano.

El navarro y el riojano presentan algunas características que los asocian al antiguo leonés y aun al gallego: así, mantienen el grupo mb latino - palomba -, conservan la f- inicial - facer -, palatalizan la l- en posición también inicial: lupus > llobo, diptonga ante yod - hodiem > huey - y mantienen artículo ante adjetivo posesivo antepuesto. Sin embargo, también posee rasgos que lo diferencian de otras modalidades: conservan la l en posición implosiva: salicem > salce, que no llega a sauce - y se pronuncia la vibrante múltiple como fricativa y ensordecida. El riojano se considera, más que un dialecto, un conjunto de hablas de tránsito entre el navarro, el aragonés y el español norteño.

2.- El extremeño.

Hay dos zonas claramente diferenciadas, debido a que el extremeño, como el navarro, se considera un grupo de hablas de tránsito entre el leonés y el andaluz: mientras que Cáceres es más dada al acogimiento de soluciones leonesas y de arcaísmos, Badajoz toma rasgos más propios del ámbito meridional andaluz. Una muestra de arcaísmos en cacereño sería la pronunciación sonora de s intervocálica y de z medial, o el mantenimiento del fonema labiodental, fricativo, sonoro /v/. Igualmente presenta leonesismos, como el cierre de e y o finales en i y u, el mantenimiento del grupo mb latino o la preferencia por el sufijo diminutivo en -ino. Por el contrario, en Badajoz se produce, como en el Mediodía español, la aspiración en [ h ] de /x/ y de h procedente de f- inicial latina, se confunden las líquidas implosivas -cardo por caldo - y hasta existen casos de yeísmo y de alternancia de seseo y de ceceo.


3.- El murciano.

Es también un conjunto de hablas de tránsito entre el catalán y el valenciano, el aragonés, el castellano y el andaluz. De hecho, es propio del murciano, por aragonesismo y catalanismo, la palatalización de l- inicial o el mantenimiento de grupos iniciales con l latinos: clavem, no pasa a llave, sino a clau. Por el contrario, tiene como meridionalismos la aspiración y pérdida de s implosiva, la confusión de líquidas o el seseo y el yeísmo propio de Cartagena. Se debe a mozarabismo la ausencia de diptongación - novo - o la conservación de sordas intervocálicas latinas, como en acachar por agachar.

4.- Variedades meridionales: el andaluz y el canario.

Por las razones diacrónicas producidas entre los siglos XV y XVII, a la que aludimos arriba, andaluz y canario comparten una serie de rasgos que los agrupa junto al español americano como la gran zona meridional de nuestra lengua. No hay que olvidar que nuestro idioma se llevó a las islas entre 1478 y 1483, mayoritariamente por colonos andaluces. De este modo aspiran la h procedente de f- inicial latina, s en posición implosiva y /x/ de las grafías j y ge y gi -[ hénte ] - y es muy común el seseo (pero no el ceceo en Canarias, aunque sí en Andalucía, como veremos). De un modo más generalizado en Andalucía que en Canarias se da el trueque de líquidas implosivas - [ árma ] por alma -, la aspiración ante nasal -[káhnne ] por carne -, o el yeísmo, que en Canarias es mediopalatal.

Por el contrario, es propio canario el alófono de la palatal, africada, sorda como sonora fricativa - como en chico, pronunciado casi como *llico - , el trueque del pronombre enclítico nos por los - vámolos por vámonos - o los usos de haber por tener, o de ser por haber, tal vez por arcaísmo debido al aislamiento insular, de este modo encontramos ejemplos como ¡Que hayan suerte! o Soy nacido en La Gomera. Los guanchismos - de la lengua guanche, anterior a la conquista - quedan sólo como sustrato en el caudal léxico: gofio - dulce típico - o chenique - piedra - son ejemplos de ello.

El andaluz, igualmente, presenta rasgos ausentes en Canarias. En la zona oriental la s implosiva es aspirada y en posición final llega a caer, en ambos casos provoca la abertura y alargamiento de la vocal precedente un grado: por ejemplo ¿Qué haces? como [ké xázÆ]; mientras que en la parte occidental suele producirse una aspiración con reduplicación de la consonante siguiente: las casas [lahk kásah]. Igualmente se pueden recoger, en la misma zona, casos muy abundantes de sonorización de la sibilante en posición intervocálica, como en el ejemplo anterior. Es también común la sustitución de ustedes por vosotros, pero combinado con el paradigma de éste: ¿Ustedes os venís? por ¿ustedes se vienen?. El ceceo ocupa, el sur de Huelva, Cádiz, sur y centro de Sevilla y Málaga y costas de Granada y Almería hasta Berja, el resto de Andalucía es seseante, salvo la zona norte de Córdoba, Jaén, Granada y la mayor parte de Almería, que distinguen la sibilante de la interdental, sorda.




Para la situación del español en América ver el artículo correspondiente en este mismo blog: http://leccionesdelengua.blogspot.com/2007/11/el-espaol-de-amrica-el-espaol-en-el.html

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Cómo surgió nuestro idioma

video

En este vídeo de carácter divulgativo se nos explica de forma amena el origen del idioma español, las influencias que sobre él ejercieron otras lenguas y su evolución en América, con mayor detalle en México, hasta el siglo XVII.

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Breve panorama de la formación y evolución del español (I)




De las lenguas prerromanas sólo tenemos noticias grecolatinas e inscripciones para su estudio. La distribución de tales lenguas se establece con el ibero en la zona levantina, el ligur en el nordeste; el turdetano en la Baja Andalucía y sur de la actual Portugal; el fenicio en las costas del sur y una serie de pueblos célticos en el cuadrante centro y oeste peninsular; y el vasco, que estudiaremos por separado, en parte de la zona norte. La continua superposición de gentes y lenguas hace que éstas tengan múltiples coincidencias. Su influencia queda hoy bajo una serie de sustratos. En lo fonológico se presentan una serie de influjos que propiciarán fenómenos propios del castellano: por ejemplo, el vasco no pronunciaba la f- inicial latina, y emitía indistintamente b y v como /b/, las oclusivas sonoras /b/, /d/ y /g/ podían decirse como fricativas en posición intervocálica, mientras que las sordas intervocálicas tienden a sonorizar; además cuenta con cinco vocales con tres grados de abertura. En lo morfológico, el celta tenía la terminación -os para nominativo plural y sufijos como -osco, -ona, -iego,... mientras que nos han quedado varias palabras prerromanas, algunas de las cueles ya pasaron en su día al latín hispánico: cerevisia > cerveza, lancea > lanza, carrus > carro, ibaiko > baika > vega,...

Con la llegada de los romanos hubo un tiempo de bilingüismo que culminó en la romanización cultural de la península, absoluto ya en nuestra era: en el siglo I Vespasiano concede el derecho general de ciudadanía y la cristianización, con la unión espiritual, latinizaría de modo completo. La romanización estuvo a cargo de legionarios y personal administrativo que trajeron sus sintopías y sincronías a la Península Ibérica, dándose ya un latín vulgar con regionalismos: en un extremo, la Bética era la más purista, mientras que la Tarraconense se consideraba la más innovadora, por influencia de la Romania Central. Es común a todas las variedades una serie de fenómenos claves en el latín vulgar y posterior formación de las lenguas romances: por ejemplo, empieza a aparecer a ante O.D. de persona, sonorizan las sordas intervocálicas, predominan las construcciones analíticas sobre las sintéticas en comparativos y superlativos y, sobre todo, cae el sistema de declinaciones por varios factores: se prefiere el uso de preposiciones al de casos, quedando solo el acusativo, que pierde la -m final, y se opta por el acento, dejándose de lado la cantidad vocálica. Al mismo tiempo se introducen numerosos helenismos: desde el distributivo cada, de /káta/, hasta léxico relacionado con la realidad material cotidiana: origanum > orégano, amphora > ánfora,..., y con el ámbito cultural: schola > escuela, scaena >escena,...; igualmente se produce una enorme renovación nominal: casa por domus, sobrinus por nepos,...

Entre los siglos V y IX, ambos inclusive se da lo que conocemos como época visigoda. Se da un protorromance que oscila entre un latín barbarizado y un ya romance visigótico: se iguala b y v como /b/ en amplias zonas, e y o breves diptongan, mientras que en la zona tarraconense monoptongan /ei/ > /e/ y /au/ > /o/ ( aurum > oro) y se reducen grupos como /mb/: plumbum > plomo. Con ellos empiezan a aparecer las primeras palatalizaciones por yod: apiculam > *abella; vetum > vetulum > *viello;... Los germanismos y goticismos pasaron ya al latín vulgar: orgoli > orgullo; guisa por mente; werra > guerra; spaiha > espía; helm > yelmo; cofea > cofia; y un buen número de antropónimos: All Wars > Álvaro; Gails Wers > Elvira,... y refuerza el sufijo patronímico de origen celta en -z y en -ici, que tendrá la misma evolución: Ramirici > Ramírez.

Por su parte, entre los siglos VIII y XI, la presencia árabe goza una gran influencia en lo que al léxico se refiere, hasta el punto de que los arabismos sean hoy la segunda fuente léxica del español, después del latín. Su influjo no sólo llega al ámbito de la cotidianidad - zanahoria, alfarero, azotea, aceite, jubón,... - sino al científico y administrativo - jarabe, algoritmo, alcalde, arancel,... -, incluso transmitieron palabras del sánscrito - ajedrez - y del persa - jazmín -. Su presencia se nota en los topónimos compuestos por el artículo al - cuyo valor de actualizador se pierde en romance -, medina - ciudad - y guada - río -, llegando a híbridos con el romance - Guadalupe -. La adaptación de la fonética árabe al romance hispánico se produjo eliminando o sustituyendo sonidos o grupos extraños para él, como el sonido gutural al´rde > alarde, o la monoptongación de /ai/ en /e/ y /au/ en /o/: aldeia > aldea. Morfológicamente se impusieron el sufijo en -í para gentilicios y adjetivos relacionantes - alfonsí, ceutí,...-; el patronímico ibn-, que pasa a ben- - Benavides - o el valor causativo de a- ante verbo - aminorar -. En lo sintáctico se extiende al romance culto el predominio de conjunciones copulativas o el orden de verbo + sujeto + complementos. La pérdida definitiva de la hegemonía militar, que se inicia en el XII, provoca la decadencia del influjo árabe en las lenguas romances, que desaparece en el XIV ante el empuje del latín y las lenguas romances.

Desde el siglo X a mediados del XIII se da lo que conocemos como periodo arcaico del español. En el panorama peninsular, hasta el siglo XI se dan una serie de peculiaridades: de un lado tenemos el rusticus sermo, o latín arromanzado: tiene restos de declinación, partículas y vocablos cultos, pero presenta un gran número de soluciones propias de latín vulgar y de los incipientes dialectos romances. De otro lado, los romances ya se usan con plena conciencia, como lo atestiguan los fragmentos en navarroaragonés de las glosas silenses y emilianenses, de finales del X y principios del XI. Sin embargo no existía ningún tipo de fijación normativa, dándose continuos dobletes, ultracorrecciones,...

En la península encontramos encontramos a finales de este periodo seis grandes zonas: el mozárabe está aislado en Al Ándalus y evoluciona lentamente, presentado numerosos arcaísmos, y progresivamente irá siendo absorbido desde Toledo. En el oeste se reparte el territorio el gallego y el asturleonés, éste, en la zona asturiana y norte y oeste de la actual Castilla León; el castellano será el dialecto triunfante, abriendo una franja cónica desde Santander, que se va ensanchando a medida que avanza la conquista, tomando zonas del aragonés y del leonés; aquél se fusiona con el navarro en el siglo XI, ofreciendo soluciones intermedias entre el castellano y el catalán, que tenía un fuerte influjo provenzal. Salvo el castellano, estos dialectos presentan una serie de rasgos comunes: por ejemplo, mantienen f- inicial latina, el grupo ct pasa a it - lectem > leite -, l- inicial palataliza - lupus > llobu - y hacen el plural femenino en -es, no en -as: cases por casas; en el occidente y el sur no monoptongan ai y ei (Pampaneira, topónimo granadino, es mozarabismo). Por el contrario, el reino castellano fue desde siempre muy independiente: la romanización de los cántabros fue tardía y no conservadora, de modo que fue una modalidad que irradiaba soluciones innovadoras: por vasquismo, aspiraba f- inicial latina; redujo grupos como mb y ei o au; opta por el artículo masculino el;... . En torno a 1150 la Cronica Adefonsi Imperatoris llama

al castellano nostra lingua. Castilla impuso su lengua como propia de la poesía épica desde fines del XII. La lírica, por el contrario se escribía en gallego y, en zonas catalanas, en provenzal. Con todo, es el castellano la modalidad triunfante a costa del detrimento del aragonés y el leonés.

Por otra parte, en la primera mitad del siglo XI Sancho el Mayor rompe con el aislamiento con Europa e introdujo la reforma cluniacense, que prefería la universalidad de la Romania frente a los particularismos regionales: de este modo, cae la escritura visigótica frente a la carolingia, que sustituye la grafía k por la c para el fonema /c/ y la ch para /c/. En cuanto a los finales de palabra, son problemáticos: en el siglo XII aún existen resto de –e tras r, s, l, n, d y z. Inmediatamente, el influjo ultrapirenaico propagará la apócope extrema desde finales del XI hasta 1270, cuando son ya raros los casos de –e tras z y d. La apócope hizo que /v/>/f/ nuve > nuf; /z/ > /s/ omenaje > omenax; mientras que /d/ vacila entre /t/ y /z/ poridad > poridat, lid > liz. Los pronombres enclíticos se fueron apocopando tras las formas no personales, otros pronombres y algunos sustantivos. El mismo fenómeno sufrirán los nombres propios ante apellidos patronímicos -Martino Antolínez > Martín Antolínez- , los finales en consonantes dobles –franc- y todo > tot y tanto > tant. Además de la consabida importancia del Camino de Santiago, no tenemos que olvidar la abundancia de enlaces reales, la inmigración procedente de Francia y la intercomunicación literaria entre trovadores y juglares en la adopción de soluciones foráneas.



Pero, sin duda, la primera gran fijación de una lengua romance en la península la lleva a cabo Alfonso X, hasta el punto de fijar un sistema, el alfonsí, que perdura desde mediados del XIII al siglo XIV inclusive. Dignificó el español frente al latín: lo convirtió en lengua de cultura y cancillería como castellano drecho. Para ello tomó como modelo el castellano de Burgos con concesiones a las modalidades de León y Toledo. En el siglo XIV el español toma la mayoría de las soluciones lingüísticas que lo van a definir normativamente en los siglos venideros. La obra de fijación de las grafías de Alfonso X va a perdurar hasta el siglo XVI: x marca la prepalatal, fricativa, sorda, mientras que g+e,i, i- y j, la sonora; c+e,i y ç son grafías para la dental, africada, sorda y z para su correlato sonoro; la apicoalveolar, africada se pronunciaba como sorda si no esta estaba en posición intervocálica. La b era grafema de /b/; u y v se podían pronunciar como un alófono fricativo de /b/, o bien como labiodental, fricativo, sonoro, especialmente en el sur - Toledo, Extremadura, Murcia y Andalucía-, donde hubo distinción hasta finales del XVI. Las grafías ll, ñ y rr se consolidan el XIV para marcar los fonemas /l/, /n/ y /r/, respectivamente. Y se fue especializando como consonante si era elemento de diptongo. La f- inicial latina se aspira como /h/, aunque en lo escrito permanezca hasta 1520; la h- inicial latina no se escribía porque no se pronunciaba.

Alfonso X, por el carácter propagador de cultura de su reinado introdujo enormes mejoras sintácticas, cuidando la expresión de conceptos a través de las subordinadas, generando nuevos nexos y locuciones conjuntivas; en el apartado léxico aparecen y se revigorizan numerosos tecnicismos y cultismos, fruto de su labor creadora y traductora.

En el siglo XV aparece lo que conocemos como español prehumanista. Se introduce literariamente a través de Dante, Petrarca y Bocaccio. El influjo italianizante trecentista compite ya con la influencia caballeresca y cortesana de Francia.Algunos hechos políticos y culturales coadyuvan a estos cambios: Alfonso V de Aragón conquista Nápoles en 1443, Enrique de Villena traduce La Eneida, y Juan de Mena su Omero romançado (La Ilíada): la Antigüedad ya no es tanto ejemplo moral como modelo de perfección ideal: tales usos se reflejan en los rasgos lingüísticos de este tiempo.

Las grafías alfonsíes se mantienen, aunque persisten una serie de inseguridades en lo escrito que reflejan cambios en la lengua oral: aún alternan –t y –d finales y f- y h- iniciales. Todavía existen dobletes que parecían superados, especialmente en grupos consonánticos internos: dubda / duda; omne / hombre,... Del mismo modo, conviven formas cultas con patrimoniales: planto / llanto; flama / llama,...

Es la sintaxis la que muestra un mayor influjo latinizante: el gerundio y la oración de relativo se sustituyen por el participio de presente: Fortuna triunphante es temerosa.; se traslada la oración de infinitivo con sujeto en acusativo latina: Homerum caecus esse dicitur > Se dice Homero ser ciego; y, tanto en este periodo como en el preclásico, se trastoca fuertemente el orden habitual del español: el verbo se sitúa normalmente al final de la oración por influjo latino; y el hipérbaton puede separar el sustantivo de su adjetivo, mientras que éste se refuerza en su posición antepuesta como epíteto literario.

En lo léxico se introducen numerosos latinismos, aunque poco fiables: inorar, cirimonia, perfeción,...; galicismos: dama, paje, galán, corcel,...; e italianismos: galera, corsario, bonanza, piloto,...

En el periodo llamado preclásico (1474 - 1525), las letras se introducen definitivamente en las cortes, se renuevan las universidades, se traen docentes italianos y humanistas en general. Elio Antonio de Nebrija, en su Gramática (1492) refuerza y sistematiza el español con un tratamiento impropio en lenguas romances, promueve la naturalidad selecta renacentista y reprueba los latinismos ajenos al español.

Se resuelven muchas de las dudas de la etapa anterior: la –t final cae a favor de –d, la conjunción e cae por y, non desaparece en favor de no y se generaliza h- inicial por f- definitivamente en 1520. Del mismo modo Cualquier resto de verbos acabados en –ades, -edes e -ides, pasan a –áis, -éis, e –ís, respectivamente.
Con todo, a pesar de la unificación lingüística llevada a cabo bajo el reinado de los Reyes Católicos, de las necesarias para la imprenta, y de las llevadas a cabo por Elio Antonio de Nebrija y otros, existen numerosas diversidades entre zonas: Castilla, Aragón y León no aspiran la  h  ni confunde /b/ y /v/, mientras que sí lo hacen las zonas meridionales. Pero la mayor diferencia estriba en el reajuste de sibilantes, que producirá el mayor reajuste en el sistema alfonsí: Castilla, Aragón y León ensordecen todas las sibilantes, con la consiguiente confusión de grafías: / s / y / z / > / s /: X, G, I, J, prepalatales, fricativas; / s / y / z / > / s /: C+e,i; Ç, Z, dentales, africadas; y / s / y / z / > / s /: S, en todas sus posiciones, geminada o no, son apicoalveolares y africadas. Por su parte, Andalucía Occidental hace interdentales y fricativas las antiguas dentales africadas (/ s / y / z / : C+e,i; Ç, Z) y se confunden con las apicoalveolares (/ s / y / z / : S-, -SS-, consonante + S y –S-, y, por tanto, también sus grafías) estos cambios se irán extendiendo a Andalucía Oriental y, con los descubrimientos, a Canarias y América.

Ya en los Siglos de Oro, este proceso de reajuste avanzará hasta culminar en 1650, determinando el estado actual de sibilantes en español: en la zona norte la prepalatal sorda se confunde con la alveolar por proximidad articulatoria y pasa a mediopalatal y, luego a velar /x/ para g+e,i, x y j, este hecho pasará al sur; la dental se hace interdental por influjo meridional, quedando /O/ para c+e,i y z; mientras que la apicoalveolar, también por influjo del sur, se hace fricativa, quedando s para /s/. Por su parte, llega al sur el ensordecimiento del norte, de modo que si c+e,i, z, s y z se pronunciaban como /O/ se daba el zezeo, pero si se emitía como apicoalveolar se producía el çeçeo; luego cayó la apicoalveolar quedando sólo /O/ y dándose el actual ceceo, pero también cabía la posibilidad de producirse un alófono dental [ s ], que originaría el actual seseo.

Durante los Siglos de Oro se producen casi todas las reformas que conforman el español actual, que reflejaremos en varios casos ilustrativos: los masculinos de personas en -a pasan tratarse con determinante masculino: el profeta, hecho que se extenderá al de cosas en el XVIII, al igual que quedan como hoy los sustantivos en -u, -e, -n,...: la pirámide; predomina el complemento agente precedido de por y desbancando a de,...

Por lo demás, en el siglo XVI predomina un criterio renacentista de naturalidad sintáctica, que se quiebra de modo claro en el Barroco. En cuanto al léxico, por lo procesos de conquista europeos y americanos se incremente de manera notable el caudal léxico de nuestro idioma, apareciendo italianismos: escopeta, capricho,...; galicismos: chapeo, sumiller,...; lusitanismos: menino, echar de menos,...; germanismos:bigote, brindis,...; flamenquismos: Finanzas, escaparate,... e indigenismos de América: chocolate, patata,...

En el siglo XVIII, con la fundación, en 1713, de la R.A.E. Se producen una serie de retoques en la correspondencia de fonemas y grafías: en 1726, el Diccionario de Autoridades fija la caída de ss sustituida por s, y de ç en favor de c+e, i y z+ a, o, u; u queda para vocal y v, para consonante. Para la duda de b o v se determinó que si el étimo era con b o p quedaría b, y si u o v, v, en caso de duda prevalecería b. Entre mediados de siglo y principios del XIX se determina que ph, th y ch (para el fonema /k/) desaparezcan en favor de f, t y c, respectivamente. Se elimina y si tiene valor vocálico - sýmbolo -; qu se limita ante e e i - así cae quatro por cuatro - y x, para los grupos /ks/ y /gs/, pero no para /x/, reservado para g+e, i, y j.

Por influencia de la Ilustración y el Romanticismo se introducen muchos términos de ciencias, política y economía: terrorismo, intervencionismo, tolerancia, moral , escéptico, ciudadano, libertad,... así como otros de la vida cotidiana: croqueta, satén, buró, galante, parlamento,... e incluso algunos galicismos sintácticos como el de sustantivo + a + infinitivo: táctica a seguir.

En el siglo XX, al margen de que en 1911 la preposición a dejara de llevar tilde, se ha venido tendiendo a la corrección de acentuaciones hiáticas - en la Ortografía de 1999, guión llevará tilde si se percibe hiato - y a la reducción de grupos extraños - obscuro por oscuro-.

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viernes 16 de enero de 2009

Dictionarium Latinogallicum

Dictionnaire Latin Français



Una joya de la lexicografía: Dictionarium Latinogallicum (1522) de Robert Estienne

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Diccionario griego clásico-español

Diccionario Vox Griego Clasico-Español

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sábado 10 de enero de 2009

Medios de comunicación: Información, opinión y persuasión. La Publicidad



1.- Los medios de comunicación hoy. Información, opinión y persuasión.

Es evidente que los medios de comunicación de masas han tenido una incidencia social insoslayable. Para abordar su papel en la actualidad vamos a exponer las opiniones vertidas al respecto por McLuhan, Vidal Beneyto, Eco y Lazarsfeld y King Merton.

El estudioso que más ha revolucionado la concepción universalista de los medios de comunicación de masas - mass media - ha sido el profesor canadiense Marshall McLuhan, quien, desde 1964, vino exponiendo una serie de ideas básicas para entender este nuevo fenómeno en obras como La Galaxia Gutemberg o Guerra y paz en la aldea global. Según él, la Historia comienzó en un estado tribal en la que la comunicación era oral, sucedió luego el universo del alfabeto, que se impuso a través de la imprenta. La actualidad ha superado ambos estadios y se incorpora de lleno en la era electrónica, donde la tribalidad originaria se restablece a través de la aldea global, es decir, de la conexión de todas las partes del globo entre sí. Este autor no juzga sus efectos, sino que constata la importancia del concepto de mass media - algunas de sus frases tuvieron un cierto éxito: La guerra de Vietnam es un producto de la televisión, o Hitler fue una consecuencia de la radio, son algunas de ellas. Para él esta nueva situación se define por la ciudad, como metáfora del mundo, acuciada por numerosos mensajes de orígenes distantes y producidos de modo inmediato a los hechos que narra. Por tanto, llega a concluir, si una lengua es un modo de conceptualizar la realidad y de conformar la visión del mundo, de modo lógico, el lenguaje de los media, al ser universal, también acarrea una concepción del mundo global para la comunidad de receptores.

En este sentido, McLuhan propuso, dependiendo de la recepción, una clasificación entre medios calientes y fríos: los primeros son aquellos que amplían el mensaje hasta definirlo bien mediante la saturación de datos precisos, dejando que el receptor pueda reestructurar la información con los datos que le son aportados; los medios fríos, por el contrario, proporcionan informaciones poco definidas, obligando al lector a llenar los intersticios, comprometiendo así todos sus sentidos: el receptor tendrá de todo un poco, pero nada bien definido, creándosele una cosmovisión fragmentaria de la realidad. Este fragmentarismo ha sido aducido como uno de los factores que definen la postmodernidad y es cierto que hay características en los media que provocan tal estado: la espontaneidad, la inmediatez de la noticia, la recurrencia al sobreentendido, el silencio intencionado de algunos hechos,... Los creadores de la teoría de la comunicación, Shannon y Weaver, ya vieron que uno de los rasgos que definirían los medios de comunicación de masas sería la productividad cuantitativa: la relación del mayor número de información en el menor tiempo posible, relación que podría aumentar los riesgos de deformación del mensaje.

Por su parte, José Vidal Beneyto recoge las últimas ideas acerca de las repercusiones sociales de los medios de comunicación hoy en tres puntos básicos:

 Aumenta la extensión y complejidad de la esfera comunicativa, especialmente a través del uso privado de la telemática.
 El fragmentarismo lleva a definir la objetividad como el control de la propia subjetividad: la información renuncia a ser un simple reflejo de la realidad, los medios tienden a establecer una nueva: la realidad informativa, que puede enriquecerla o mermarla creando falsos referentes.
 Se pone en tela de juicio la representatividad de los medios, dirigidos a la sociedad pero representante de solo una parte de ella, la que ostenta algún tipo de poder político o económico. De esta manera son medios para la población, pero la sociedad no tiene en ella un marco de expresión para su opinión. Adorno y Horkheimer afirman así que los medios no informan sino que crean la cultura de masas.

Estas ideas conllevan una serie de valoraciones éticas. Umberto Eco, en Apocalípticos e integrados, divide la postura de los intelectuales al respecto en dos grupos: los que acentúan la idea de que la uniformación de los pensamientos es peligrosa son llamados por apocalípticos, mientras que a los que ven la aldea global con optimismo en cuanto canal para el diálogo y la libertad de expresión los llama integrados. A partir de esta dicotomía expone una serie de inconvenientes y provechos de los medios de comunicación de masas. Las críticas se fundan en primer lugar en la banalización de la cultura, en el autoritarismo soterrado que le subyace, en cuanto favorece el paternalismo fomentando la incapacidad de respuesta del receptor ante unas directrices uniformadas, es precisamente este peligro de uniformación el mayor de todos: evita la originalidad y el espíritu crítico. Por el contrario, los provechos de los mass media vienen dados por una serie de hechos incontestables:


son medios difusores de cultura antes inéditos - además mediante el acercamiento de la cultura entendida como superior se invita al disfrute de ella -, son creadores de conciencias críticas y creativas: mucha de la originalidad del arte de nuestro siglo - incluyendo el verbal- tiene su origen en los media. El propio Eco aduce que la postura ideal es la intermedia: aprovechar los beneficios y vigilar críticamente sus inconvenientes.

Actualmente, Lazarsfeld y King Merton plantean las tres funciones sociales de los medios de comunicación: en primer lugar establecen la función otorgadora de status: la aparición de una información en un determinado medio o agencia de prensa le confiere un inmediato status ideológico, de prestigio,... independientemente de su veracidad y de su sometimiento a crítica. Una segunda función es la de cambiar determinadas normas y creencias sociales; por último señalan el riesgo de la función narcotizante, que produce una excesiva exposición del receptor a numerosas informaciones que no tiene capacidad de sistematizar y, por tanto, de someterlas a revisión crítica. Esta última función es la más inquietante en cuanto los canales están en manos de grupos interesados en generar un determinado tipo de sociedad o bien conformista, o cuya rebeldía queda automáticamente desactivada al asumirla como propia.


2.- Los géneros periodísticos.

2.1.- La noticia, el reportaje, la entrevista y la crónica.

Es el contenido de una comunicación relatada antes desconocida. Ha de regirse por dos factores básicos: la novedad y el interés público. Una noticia ideal, según Carl N. Warren, debería de responder a los siguientes criterios: objetividad lingüística - es inadmisible que aflore la parcialidad del emisor -, concisión, claridad, inmediatez en el tiempo, causas y repercusiones de los hechos, relevancia, originalidad en el enfoque de modo que llame la atención, y, evidentemente seguir los universales de la comunicación, las llamadas seis uves doble: Who, What, When, Where, Why and How - o, en el hexámetro latino, quis, quid, quando, ubi, cur et quomodo -, es decir, la noticia ha de responder a quién, qué, cuándo, dónde, por qué y cómo se han producido los hechos que narra.

Según estos criterios la noticia suele estar dividida en varios apartados: el antetítulo aporta algún dato para entender el título; el título debe ser breve y certero en su intención significativa y generoso tipográficamente; el subtítulo, o sumario, corrobora, subraya o aclara algún aspecto de la noticia; la entrada, o lead, es el párrafo inicial en el que se apuntan las seis uves doble de forma breve; por último el cuerpo de la noticia explica de forma detallada cada uno de los elementos anteriores, jerarquizándolos según su importancia, avanzando desde lo más interesante a lo más secundario. Evidentemente la importancia de una noticia también vendrá determinada por el número de columnas que ocupa y por su posición en el escrito: son más leídas las páginas impares y, claro es, las de la portada.



El reportaje es un trabajo no influido por la inmediatez de la noticia. En él el reportero amplía la información que anteriormente habría aparecido en formas de noticias. Aquí cabe la posibilidad de insertar declaraciones, antecedentes minuciosamente detallados, consecuencias de los hechos,... Cuando centra su interés en una persona puede aparecer en forma de diálogo, dando lugar así a la entrevista, en la que se pueden insertar aclaraciones acerca del entrevistado, valoraciones sobre hechos con él relacionados,...

La crónica puede dar cuenta de varios sucesos: así tenemos la crónica local, que se circunscribe a la cultura costumbrista de una zona o localidad; de extranjero, acerca de costumbre curiosas a nuestra cultura; de sucesos y negra, que da cuenta de delitos y crímenes horrendos; parlamentaria, sobre la vida, anécdotas y debates del Congreso y el Senado; rosa, acerca de la vida privada de personas públicas; y de guerra. En todas ellas se valora la autoridad del firmante, que también destaca por un estilo lingüístico personal, de modo que, al tiempo que informa, emite una opinión autorizada.


2.2.- El periodismo de opinión: el editorial, el artículo, la columna y la crítica.

El editorial es un artículo de fondo no firmado - se entiende así que pudiera estar escrito por cualquiera de los colaboradores, aunque normalmente queda a cargo de algún cargo directivo del medio- que marca la línea ideológica del periódico. Valora e interpreta una noticia actual y de gran relevancia.

El artículo es el más literario de los géneros periodísticos y en él se expresa la opinión individual del autor, por lo que la responsabilidad ética y jurídica de su contenido recaerá sobre él de modo personal. La libertad con la que se escribe el artículo se ve limitada por el hecho de que los órganos directivos del medio son los que eligen, invitan o seleccionan a determinados articulistas que están próximos a la línea editorial del diario. La columna es un artículo también, pero generalmente de extensión más breve - de ahí su nombre - y reservada a un colaborador fijo.

La crítica es la noticia de un evento público, en él el cronista puede insertar sus valoraciones en cuanto autoridad reconocida en la materia objeto de la crítica: deportes, toros, cine, teatro,... al tiempo que divulga e informa acerca del evento.


2.3.- Características lingüísticas de los textos periodísticos.

Los textos periodísticos ofrecen una serie de recursos lingüísticos que pretenden casar la objetividad con la corrección y claridad idiomáticas. De esta necesidad han surgido los libros y manuales de estilo, que tratan de ser obras de consulta, su prestigio ha ido en aumento, de modo que ya no sólo se vende no sólo para los profesionales de la información, sino incluso para cualquier persona que quiera escribir de un modo correcto y apropiado.

Algunos de los recursos comunes a todos los géneros - quedan aparte los artículos, las columnas y algunas crónicas por la libertad de estilo que se presupone en ellas - comparten el uso de recursos lingüísticos tendentes a la objetividad: entonación enunciativa, predominio de la función referencial, posposición de adjetivos calificativos - eliminando cualquier epíteto ponderativo -, ausencia del yo del emisor mediante oraciones impersonales y pasivas reflejas, tendencia al eufemismo,...

Hay otros medios de la lengua que se emplean para resaltar la actualidad de la noticia: así, se evita el pretérito indefinido en favor del pretérito perfecto y del presente histórico: Las tropas rusas entran en Grozni -aunque tal hecho sucediera el día anterior -; del mismo modo, para sintetizar al máximo la información, especialmente en los títulos, predominan las elipsis sintácticas y el escaso uso de oraciones subordinadas, a veces la información se completa sin dificultad: El Depor, por la copa; pero en otras ocasiones se ha de encontrar apoyo en las fotografías y en ilustraciones: la imagen de un entrenador con el rostro tapado por sus manos completa el titular: Desesperado.

Por lo demás, tampoco faltan las incorrecciones, especialmente derivadas de fórmulas erróneas que se han estereotipado: seis puntos arriba por seis puntos de ventaja, incautar droga por incautarse de droga,... No es escasa la preferencia por unos determinados signos con connotaciones positivas o negativas dependiendo de la línea del diario: la elección de conservador por de centro derecha, ex-comunista por de izquierdas,... son ejemplos de subjetividad que a menudo se presenta en la línea objetiva que quiere presidir la información.

3.- La publicidad.


3.1.- Consideraciones generales.

La publicidad es el conjunto de medios y técnicas promocionales que tiene como objetivo crear o mantener el mercado de un determinado producto o servicio. Para ello ha de intentar modificar el comportamiento de los receptores a los que se dirige creándoles necesidades de consumo.

Para realizar una campaña publicitaria es primordial determinar, mediante estudios de mercado, a quién se dirige la promoción. El canal en que se inserte el anuncio será el más frecuentado por los clientes potenciales: así sucede con los anuncios de puros en prensa deportiva, normalmente leída por hombres, o los anuncios de zapatillas de deporte en revistas juveniles. El diseño del anuncio también dependerá de los intereses de los receptores: más dinámico y novedoso para los jóvenes, más severo para anuncios destinados a hombres adultos - anuncios de vinos -,...

Lo que sí tienen todos en común es la recurrencia a la apelación a los elementos primarios inconscientes y reprimidos del ser humano, residentes en el lo que Freud llamó el ello. Este hecho se une a la ya citada generación de necesidades, de modo que de tal combinación se fomenta la compra compulsiva, que es lo que define la llamada sociedad del consumo. La fascinación por la muerte y el sexo parecen presidir esta función conativa, a veces soterrada bajo la llamada percepción subliminal. El ser humano precisa de un número determinado de sensaciones para alcanzar una percepción consciente, es decir necesita sobrepasar el umbral mínimo de percepción. Todos los signos que conducen a emitir sensaciones asociadas a tales impulsos primarios por debajo del umbral mínimo es lo que conocemos como mensajes subliminales.

En un sentido más amplio, algunos estudiosos extienden este concepto a la asociación de un determinado objeto de promoción a un estilo de vida que anula las consecuencias negativas de su consumo y pondera su opuesto: por ejemplo, se hizo famoso el testimonio del primer vaquero de Marlboro, que murió de cáncer de pulmón: los efectos negativos del tabaquismo se anulaban por la presencia de un cowboy sano e intrépido en un entorno natural de bosques paradisíacos y llenos de vida, que eran lo opuesto al verdadero trágico final del actor. Un efecto similar pretenden, pongamos por caso, los anuncios de bebidas alcohólicas protagonizados por personas jóvenes, sanas y deportistas: de hecho, uno de los equipos de atletismo más importantes en nuestro país ha sido el equipo de la ginebra Larios.


3.2.- Recursos no lingüísticos.

Los anuncios recurren a un buen número de sensaciones emanadas de diferentes códigos que se complementan entre sí. Por su importancia vamos a señalar la índole de los signos icónicos y auditivos.


En los anuncios publicitarios aparecen dos elementos icónicos constantes: por un lado, el anagrama es un símbolo en el que prevalece el diseño y viene a ser el emblema o insignia de la compañía hasta el punto de identificarla - recuérdese el anagrama de Nike, el león de Peugeot,... -; el logotipo es el nombre de la marca, que aparece como una palabra que se nos presenta como un bloque diseñado, adquiriendo un valor icónico similar al del anagrama pero con apoyo de signos lingüísticos: son ya famosos los logotipos de Coca-cola o de El Corte Inglés.

Las sintonías de los anuncios - llamadas jingles si han sido compuestas expresamente para ellos- nacen con la idea de llamar la atención y de identificarlas con el producto sin necesidad de que éste sea mencionado, como ocurre con la de Coca-cola. Los sonidos no musicales: los gritos, las risas, el arranque de un motor,... son especialmente cuidados en los anuncios radiofónicos, de exclusivo canal auditivo. En este sentido, para que el receptor note una variación en la percepción al inicio de un anuncio, suele aumentarse el número de decibelios, o, por el contrario, recurrir al silencio -en el caso de un coche cuya máxima virtud es su silencio, por ejemplo-: en ambos casos una variación en la percepción despertará la atención del receptor.


3.3.- Recursos lingüísticos.

Se dan una serie de recursos estilísticos de radical importancia en cuanto la función poética predomina sobremanera: el código llama la atención sobre sí mismo. De este modo encontramos múltiples figuras y tropos, algunos de los más frecuentes son: la onomatopeya - Schweppes, Crunch, Crecks -, la rima - Eau de toilette Don Algodón, tienes algo, tienes don -, anáfora - Carolina Herrera: siempre la misma, siempre diferente -, anadiplosis - El tiempo corre, corre a SEAT -, paronomasia - Letras del Tesoro: para quienes quieren más -, dilogía - Bonos ICO, por su propio interés -, sinestesia - Fibre 1 de Nestlé, crujiente sabor-, paradojas y antítesis - MoviStar: Estamos muy cerca para llevarte muy lejos -, interrogaciones retóricas - ¿Qué tiene un cuerpo Danone que no tengan los demás? -,...

Por otro lado, el segmento de público al que va dirigido el producto o el servicio, y la ponderación de éstos son factores que determinan sobremanera los recursos lingüísticos empleados:

>> El pronombre de tratamiento de cortesía - usted -, queda relegado en favor de un tuteo que rejuvenece: Descubre con Lina Bocardi el placer de ser tú misma. El empleo de usted se reserva a un determinado público que pide seriedad en el servicio, como en los anuncios bancarios: Cajamadrid: Su beneficio es el nuestro, o Bankinter: para que usted pueda comparar por nosotros. El uso de la primera persona en singular pretende un efecto de identificación con el anunciante, normalmente un modelo para los receptores, de modo que los valores del personaje se transfieren a lo anunciado: dice Claudia Schiffer: L´Oreal: porque yo lo valgo. Si el uso de la primera persona es en plural se produce un efecto de complicidad en el que se integra el receptor con fines elogiosos: Sprite: no estamos locos, sabemos lo que queremos.

>> El uso del imperativo va decayendo progresivamente en cuanto impone un mandato, que, por naturaleza, produce un cierto rechazo: así, Coca-cola decidió eliminar su eslogan Beba Coca-cola por Siempre Coca-cola. Con todo, si aparece el imperativo éste adquiere un valor de invitación a alguna acción arrojada y transgresora: Nike: Just do it, Bebe Trinaté y olvídate, Hugo Boss: don´t imitate, innovate.

>> Los adjetivos aparecen intensificados mediante adverbios, comparativos, prefijos superlativos,...: Patés La Piara: más buenos que el pan, Dodot, ultraseco plus, Páginas amarillas: tremendamente útiles.

>> La transgresión de la ortografía se asocia a un público juvenil inconformista: Pepsimax: alucinarax.

>> El artículo determinado puede usarse con valor antonomástico: El libretón BBV.

>> Los tiempos verbales suelen ser el presente de indicativo, que señala un estado de cosas elogioso o que hay que mejorar: Nokia 8210: El estilo no es simplemente algo que te pones por las mañanas; Ya estoy harta de tanto frotar, son respectivos ejemplos de lo que decimos. El otro tiempo verbal que predomina es el futuro simple, que prevé un estado mejorado de cosas: Evax: Te sentirás limpia. Te sentirás bien.

>> Los extranjerismos son frecuentes en anuncios dirigidos a segmentos de público joven, acostumbrado a los anglicismos, o a personas de nivel académico medio - alto con un cierto poder adquisitivo: Nokia: connecting people, Pantalones Dockers: not quite all American, o Planet Reebok, son ejemplos de ello.

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martes 19 de agosto de 2008

EL SINTAGMA NOMINAL.



Definición de sintagma.


El sintagma es la palabra o grupo de ellas que, como expansión máxima de un núcleo, posee un sentido unitario aunque pueda ser incompleto en una oración o proposición. Las palabras - o la palabra, en el caso de que el núcleo sea su único integrante- son las unidades mínimas desde el punto de vista sintáctico. El núcleo mantiene una relación de reacción con sus expansiones y, si es pertinente, una relación añadida de concordancia.


Definición de sintagma nominal.

En este sentido, el sintagma nominal (SN en adelante) posee como núcleo a un modo de concebir la realidad en sí misma, que categorialmente se traduce en un sustantivo, en un pronombre -Ya lo sé-, o en algún elemento que haya sufrido una metábasis, o transposición categorial a sutantivo: un infinitivo nominalizado -Es un deber respetar a los demás-, un adjetivo sustantivado mediante lo, un artículo o incluso si el adjetivo está sin determinar -Las viuditas , las casadas y solteras para mí son todas peras en el árbol del amor-; hay adjetivos que normativamente aparecen con una frecuencia mayor sustantivados, convirtiéndose en sustantivos de lengua: Los viejos miran los patos del parque. Las extensiones del núcleo nominal concuerdan en género y número con el mismo -Los coches rojos-. De los distintos tipos de adyacentes y determinantes trataremos más adelante.


Definición del sustantivo.


Definición categorial y semántica.

Al margen de su carácter formal el sustantivo puede ser definido, desde el punto de vista categorial como aquello que concibe seres o hechos en sí mismos, a diferencia del adjetivo, que los concibe como atribuciones de otro; o del verbo, que asume la realidad como un modo del ser o del devenir. Tiene significado léxico, según Tésniére, de ahí que sea una palabra constitutiva: puede formar núcleo, regir otros elementos y aparecer solo, es decir: puede tener carácter autónomo.

Semánticamente estas sustancias concebidas en sí mismas pueden ser concretas si se perciben por los sentidos y abstractas si son captadas por el entendimiento. De ahí que los nombres concretos sean en primer lugar comunes si referencialmente no son únicos -una mesa-. Entre éstos se distinguen los génericos, que son contables, individuales -un zapato-; y colectivos, si significan una pluralidad -el velamen-, y los de materia, incontables: pan, agua,... por eso si reciben plural se hace con un matiz estilístico: Se abrieron las aguas. Los concretos propios, por su parte, señalan una individualidad referencial -por eso no suelen admitir artículo que los actualice -salvo en hechos de norma: el Japón, o en vulgarismos: el Pepe- , ya sean antropónimos si son referidos a personas o personajes -Tintín- y topónimos si hacen referencia a localizaciones espaciales: -Tánger-.

Los nombres abstractos son de fenómeno -la espera-, de cualidad -la gentileza- y colectivos numerales, si indican un número preciso -un quinteto- o indefinidos si no denotan tal precisión -un batiburrillo-.

Definición morfológica.

Morfológicamente se compone de un lexema, que aporta el significado léxico de la palabra y de dos morfemas constitutivos: el de género y el de número, y de tres facultativos, u opcionales: sufijos despectivo, aumentativo y diminutivo, que pueden tomar valores estilísticos -pelón, para el que tiene el pelo corto-; y prefijos: Preelección.

El género en español se limita a los morfemas de masculino y femenino. Al ser el primero el elemento no marcado puede funcionar por el femenino: Los jueces [se incluyen las jueces] son el corazón del Poder Judicial. El masculino queda marcado por los alomorfos o y ø; mientras que los femeninos se marcan con a.

Hay sustantivos invariables cuyo género le viene dado por la relación sintagmática de concordancia que mantiene con sus determinantes: -el /la centinela-o, en el caso de los epicenos, añadiéndole un sustantivo adyacente -el jabalí hembra-. No siempre el género es referencial-el cocinero / la cocinera- también es inmotivado y, por tanto obedece a cuestiones gramaticales -la ambulancia, el delfín,...-. E incluso la diferencia referencial puede reflejarse en lexemas distintos en los sustantivos heterónimos: el caballo / la yegua. Las variaciones de género pueden implicar diatopía o diafasía: la calor, la mar,... El género igualmente puede conducir a oposiciones semánticas por razones de homonimia -el huerto / la huerta-, o por oposiciones de distintos tipos; por ejemplo de agente - instrumento: -el espada / la espada-. Otros lexemas se ven ampliados como marca de femenino: actor / actriz, papa / papisa,...

En cuanto al número, el español tiene morfema de singular ø y los alomorfos de plural -s y -es. El alomorfo de plural -es se añade cuando la palabra acaba en consonante -camiones- o vocal acentuada, normalmente si es -í o -ú: alfonsíes, hindúes,... La norma actual va aceptando el alomorfo -s para las demás vocales tónicas -bebés, sofás, landós, carnés,...-, y para las átonas -coches-. Los extranjerismos no adaptados hacen su plural en -s si acaban en consonante: Le han puesto todos los hándicaps posibles.

El singular es elemento no marcado, por eso puede funcionar por el plural: El alemán[por los alemanes] es amante de la naturaleza. Incluso algunos nombres pueden indicar pluralidad de modo que normativamente admiten un solecismo en la concordancia numérica: La multitud de manifestantes reclamaron mejoras urgentes.

Por otra parte hay sustantivos de número invariable: van siempre en singularia tamtum -la tez- o en pluralia tantum -los añicos-; no deben confundirse éstos con los que son invariables formalmente pero tienen marcado el morfema de número por los determinantes: las hipótesis.Por otro lado, como el género, el variación númerica puede indicar una intención estilística: Estoy hasta las narices de viajar por los mares.



Definición funcional.

Funcionalmente puede ser, dentro de la oración:

• Objeto directo: Me compré una moto.
• Objeto indirecto: Le compré una moto.
• Complemento circunstancial: Vendré el jueves.
• Sujeto: Juan vino pronto.
• Aposición: Juan, el burgalés, quedó conmigo ayer.
• Vocativo: ¡He visto el coche nuevo, Juan!
• Atributo: Juan es el burgalés.
• Complemento del adjetivo: El vestido era rojo siena.


Adyacentes: el adjetivo calificativo.

Definición categorial.

El adjetivo es un modo de categorizar la realidad como ser en otro y de modo graduado o no: expresa por ello una cualidad adjunta a otro elemento: El coche blanco / blanquísimo.

Definición morfológica.

Morfológicamente es un nombre, por tanto tiene los mismos morfemas constitutivos que el sustantivo. Tanto es así que, como vimos, puede aparecer sustantivado. Para algunos autores el hecho de que vaya acompañado de lo, no significa que se transponga categorialmente a sustantivo: estaría adjetivando al pronombre lo, que no funcionaría entonces como artículo: Lo bueno de esto es que solo ha empezado.


Los morfemas de número son iguales a los del sustantivo. No obstante se distingue en su clasificación en cuanto al género: son invariables los acabados en -a: centinela; en -í y -ú: ceutí, hindú; y muchos de los acabados en consonante: capaz, difícil, cruel, terrible,... Por otra parte tenemos los acabados en -o para el masculino y en -a para el femenino -campeón / campeona-; y los que tienen como alomorfo de masculino uno que no es -o, manteniéndose para el femenino -a: cordobés / cordobesa.

Sin embargo, el morfema de gradación es privativo del adjetivo: es el morfema que marca morfológica y sintácticamente en qué grado se atribuye la cualidad expresada por el adjetivo.

El grado positivo atribuye un grado neutro: indica que la cualidad está en otro elemento simplemente: La increíble historia de Mant.

El grado superlativo absoluto expresa la posesión de una cualidad en algo o alguien aisladamente : se expresa de modo analítico, es decir con medios sintácticos:Juan es muy moreno, tela de moreno. También puede expresarse sintéticamente mediante sufijos cultos: balnquísimo, misérrimo,...; prefijos coloquiales: supertonta, requetemalo,... o por herencia del latín: óptimo, pésimo, máximo y mínimo. El superlativo relativo expresa tal cualidad pero en relación a otro elemento en el que se integra: El hombre más fuerte del mundo.

El grado comparativo da idea de cotejo de cualidades entre dos elementos. Igualmente se expresa de modo analítico cuando expresa inferioridad-menos+adjetivo+que-, igualdad -tan+adjetivo+como- o superioridad -más+adjetivo+que-. En el de superioridad aún perviven las formas venidas directamente del latín mejor, peor, mayor y menor.


Definición funcional.

El adjetivo tiene dos funciones básicas: la de atribución directa a un sustantivo y la de predicativo cuando se atribuye a aquél mediante una predicación atributiva con verbos copulativos o semicopulativos; en el caso de acompañar a un semipredicativo funciona como modificador del sujeto y también del verbo: Los estibadores vinieron cansados.

La atribución directa se hace sin nexo de unión -El sombrero gris- y adopta una serie de matices según su posición: normalmente la anteposición al sustantivo indica subjetividad y valor explicativo de una cualidad inherente al sustantivo -blanca nieve-, pero si tal cualidad no esta lógicamente en el significado del sustantivo estaremos ante un matiz ponderativo: buenas espaldas,...


A veces hay adjetivos que aparecen antepuestos siempre normativamente: la mera noticia. Los adjetivos pospuestos expresan, normalmente, cualidad objetiva no incluida lógicamente en el sustantivo -pie alabastrino-: aunque no siempre es así: Es un vino excelente. Incluso también en esta posición hay adjetivos normativamente inamovibles: maquinaria agrícola. Por último tenemos que señalar que muchos adjetivos, por razones de norma,
cambian de significado según su posición: mi antigua casa -en el sentido de mi casa anterior- y mi casa antigua -como envejecida-.


Adyacentes: el complemento del nombre, la aposición, la oración de relativo y el adverbio.

El complemento del nombre es un sintagma preposicional que especifica el significado del sustantivo. Muchos de estos complementos se han especializado en significar procedencia o materia -borato de sodio, queso de Burgos,...-, finalidad -papel de secar- o circunstancia -lomo en caña-.

La aposición es un sintagma nominal adjunto al núcleo de un sintagma nominal que le explica su significado o se lo restringe: se llama aposición directa si va unida sin pausas, ésta tiene valor especificativo: el monte Itoiz, el hombre lobo,... Si la unión va separada por pausas, marcadas gráficamente por comas, estaremos ante un aposición indirecta con valor explicativo: Federico, hermano de Giulio, gobernó durante dos años; Madrid, capital de España.

Las oraciones de relativo tienen los mismos valores que la aposición según si van separadas por pausas: de este modo las explicativas, unidas por pausas, integran a la totalidad del sustantivo al que acompañan, mientras que las especificativas, no unidas por pausas seleccionan a una parte de la totalidad: Los solicitantes, que previamente han entregado el impreso E-111, podrán recibir su asignación es un caso de explicativa que se convierte en especificativa si se le restan las comas: Los solicitantes que previamente han entregado el impreso E-111 podrán recibir su asignación.

Especialmente el lenguaje coloquial admite a los adverbios con valor de calificadores adyacentes: Un beso así merece un regalo.

Los pronombres sustantivos y los pronombre adjetivos.


Definición.

Son elementos que por sí mismos carecen de significación y función, que les viene dada por el sintagma nominal que sustituyen en el discurso como proformas del sustantivo: Juan es gijonés, Rafael es de Oviedo; a aquél le gusta Andorra, éste prefiere el Pirineo leridano. Puede sustituir a tales elementos en el discurso porque los señala deícticamente, es decir extralingüísticamente -Dame eso, por favor-, o porque se aparece por ellos anunciándolos mediante la catáfora -Te lo digo ahora: ¡burro!-, remitiéndose a él si ya aparecido mediante la anáfora: Me gusta el teatro, lo prefiero a la danza, o, si es fórico, sustituyéndolo sencillamente sin que haya aparecido antes ni lo anuncie : La que venga ahora tiene premio.

Cuando el pronombre tiene función de núcleo de un sintagma nominal estamos ante un pronombre sustantivo, pero si modifica el significado de un sustantivo cumplirá la función de pronombre adjetivo, o determinante junto al artículo, que luego veremos.


Pronombres personales.

Son siempre pronombres sustantivos y poseen, por herencia del latín, formas determinadas para distintas funciones: son átonos los que funcionan como complemento directo, indirecto y atributo -en el caso de lo- que presuponen un verbo sobre el que se apoyan acentualmente: me, te, se, le, les, os, nos, lo, los, la y las.

Por el contrario, los tónicos reciben el acento principal de su grupo, y funcionan como sujeto o como término de preposición: yo, tú, él, ella, usted, nosotros, nosotras, vosotros, vosotras, ellos, ellas, ustedes, mí, ti, sí, y, por razones diacrónicas, cuando estos tres últimos se combinan con con pasan a conmigo, contigo y consigo.

Pronombres de relativo.

Sutituye a un elemento nominal que le antecede , es decir, a su antecedente, aunque éste esté omitido -en las oraciones de realtivo con antecedente callado: El que lo diga gana- relacionándolo con la oración subordinada -por eso tiene, además, la función de nexo oracional-. Los pronombres de relativo son que, quien, quienes -estos dos para persona-, cual, cuales, cuanto, cuanta, cuantos, cuantas, cuyo, cuyos, cuya y cuyas -estos cuatro siempre funcionan como pronombres adjetivos con valor posesivo: Los futbolistas cuyos equipos son grandes viven bien-.

Donde, como y cuando pueden funcionar como relativos. Se identifican porque son parafraseables por en+artículo+que: La casa donde nací es bonita = La casa en la que nací es bonita.

Son interrogativos cuando señalan a un elemento desconocido: No sé qué hizo. Pueden tomar un valor ponderativo en oraciones exclamativas, pasando a exclamativos: ¡Qué lindo! Se diferencian ortográficamente en este uso por la tilde diacrítica.


Pronombres posesivos.

Señala posesión -mi coche- o estrecha relación -mi novio- del poseedor con lo poseído. Funcionan, variando su forma, como pronombres adjetivos y como pronombres sustantivos -Mi helado es mío-. Generalmente no va acompañado de determinates: si los lleva, la construcción toma matices estilísticos -no olvidaré la tierra mía-; con adjetivo indefinido siempre va pospuesto -Busco unos papeles míos-. Los antepuestos son mi, tu, su, nuestro-a, vuestro-a, con sus plurales; los pospuestos y los que funcionan como pronombres sustantivos coinciden en la forma: mío-a, tuyo-a, suyo-a, nuestro-a, vuestro-a, con sus respectivos plurales. No hará falta notar la tercera persona tiene forma única para un poseedor y para varios.

Pronombres demostrativos.

Funcionalmente actualizan -por eso no admite al artículo como actualizador, que resultaría redundante- y señalan deícticamente al sustantivo al que determinan o sustituyen de un modo gradual en cercanía, que de mayor a menor son: este, ese y aquel, con sus respectivos femeninos, neutros y plurales. Tal y tanto pueden tomar valores demostrativos: Tal es mi situación, y no he dicho tanto.

Este carácter deíctico puede referirse a distintas coordenadas espacio temporales y tomar valores estilísticos: El día que me des un beso, ese día, me caso contigo; Ese niñato no me dirige la palabra; Bienaventurado aquel que...

Pronombres cuantitativos: indefinidos y numerales.

El indefinido cuantifica de modo impreciso al sustantivo al que sustituye o acompaña porque se haga así intencionadamente -Sé ciertas historias de ti-, o no -Vi algo, pero no sé qué-: quienesquiera, algo, nada, demás, mucho, bastante, diversos,ninguno, nada,... son algunos de ellos.
Los numerales cardinales, por el contrario, precisan numéricamente el sustantivo al que se refiere en unidades, decenas, centenas, de modo analítico del once al diecinueve y del veintiuno al veintinueve y en las centenas, y formando sintagmas: trescientos treinta y cinco.

Los numerales ordinales, cuantifican qué posición numérica y precisa ocupa un sustantantivo -Quincuagésimas jornadas de arte moderno-. En los numerales ordinales superiores a cien la norma los va haciendo desaparecer, ocupando su lugar los cardinales -Trescientos aniversario de su muerte-.

Ambos y sendos son duales en cuanto señalan una dualidad y éste tiene valor distributivo -Vinieron con sendos acompañantes: cada uno con el suyo-. Por otro lado los numerales pueden señalar multiplicaciones mediante los múltiplos doble, triple, cuádruple, quíntuple y séxtuple; y partición gracias a los partitivos, que se forman sintagmáticamente con ordinal + parte y, a partir de diez con el sufijo -avo, con sus pertinentes femeninos y plurales: Me corresponden dos doceavos.



El artículo.

Tiene valor de actualizador del sustantivo al que acompaña sin que le añada valores deícticos -como los demostrativos- o de posesión -como los posesivos-. En cuanto no puede ser autónomo, ni núcleo, ni tiene valor lexemático y es dependiente de un sustantivo ha sido incluido por muchos autores -Alarcos entre ellos- como un morfema constitutivo, de actualización, del sustantivo. Sus alomorfos serían el, la, los y las -y aun lo si se admite como artículo y no como pronombre, según vimos-.

Este valor de actualizador supone un conocimiento del sustantivo por los interlocutores y realce de su existencia, aislándola y resaltándola en una especie de deíxis neutra. Por todo esto puede tomar valores demostrativos -Los que van por allí son mis amigos-, posesivo -Me lavo las manos- o ponderativo - ¡Qué bien lo ha hecho el amigo! -. Por tanto su ausencia marcará indeterminación, desconocimiento,...: Vi hombres de negro pasar, Esta mañana han pasado helicópteros por mi casa.



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