martes, 19 de agosto de 2008

EL SINTAGMA NOMINAL.



Definición de sintagma.


El sintagma es la palabra o grupo de ellas que, como expansión máxima de un núcleo, posee un sentido unitario aunque pueda ser incompleto en una oración o proposición. Las palabras - o la palabra, en el caso de que el núcleo sea su único integrante- son las unidades mínimas desde el punto de vista sintáctico. El núcleo mantiene una relación de reacción con sus expansiones y, si es pertinente, una relación añadida de concordancia.


Definición de sintagma nominal.

En este sentido, el sintagma nominal (SN en adelante) posee como núcleo a un modo de concebir la realidad en sí misma, que categorialmente se traduce en un sustantivo, en un pronombre -Ya lo sé-, o en algún elemento que haya sufrido una metábasis, o transposición categorial a sutantivo: un infinitivo nominalizado -Es un deber respetar a los demás-, un adjetivo sustantivado mediante lo, un artículo o incluso si el adjetivo está sin determinar -Las viuditas , las casadas y solteras para mí son todas peras en el árbol del amor-; hay adjetivos que normativamente aparecen con una frecuencia mayor sustantivados, convirtiéndose en sustantivos de lengua: Los viejos miran los patos del parque. Las extensiones del núcleo nominal concuerdan en género y número con el mismo -Los coches rojos-. De los distintos tipos de adyacentes y determinantes trataremos más adelante.


Definición del sustantivo.


Definición categorial y semántica.

Al margen de su carácter formal el sustantivo puede ser definido, desde el punto de vista categorial como aquello que concibe seres o hechos en sí mismos, a diferencia del adjetivo, que los concibe como atribuciones de otro; o del verbo, que asume la realidad como un modo del ser o del devenir. Tiene significado léxico, según Tésniére, de ahí que sea una palabra constitutiva: puede formar núcleo, regir otros elementos y aparecer solo, es decir: puede tener carácter autónomo.

Semánticamente estas sustancias concebidas en sí mismas pueden ser concretas si se perciben por los sentidos y abstractas si son captadas por el entendimiento. De ahí que los nombres concretos sean en primer lugar comunes si referencialmente no son únicos -una mesa-. Entre éstos se distinguen los génericos, que son contables, individuales -un zapato-; y colectivos, si significan una pluralidad -el velamen-, y los de materia, incontables: pan, agua,... por eso si reciben plural se hace con un matiz estilístico: Se abrieron las aguas. Los concretos propios, por su parte, señalan una individualidad referencial -por eso no suelen admitir artículo que los actualice -salvo en hechos de norma: el Japón, o en vulgarismos: el Pepe- , ya sean antropónimos si son referidos a personas o personajes -Tintín- y topónimos si hacen referencia a localizaciones espaciales: -Tánger-.

Los nombres abstractos son de fenómeno -la espera-, de cualidad -la gentileza- y colectivos numerales, si indican un número preciso -un quinteto- o indefinidos si no denotan tal precisión -un batiburrillo-.

Definición morfológica.

Morfológicamente se compone de un lexema, que aporta el significado léxico de la palabra y de dos morfemas constitutivos: el de género y el de número, y de tres facultativos, u opcionales: sufijos despectivo, aumentativo y diminutivo, que pueden tomar valores estilísticos -pelón, para el que tiene el pelo corto-; y prefijos: Preelección.

El género en español se limita a los morfemas de masculino y femenino. Al ser el primero el elemento no marcado puede funcionar por el femenino: Los jueces [se incluyen las jueces] son el corazón del Poder Judicial. El masculino queda marcado por los alomorfos o y ø; mientras que los femeninos se marcan con a.

Hay sustantivos invariables cuyo género le viene dado por la relación sintagmática de concordancia que mantiene con sus determinantes: -el /la centinela-o, en el caso de los epicenos, añadiéndole un sustantivo adyacente -el jabalí hembra-. No siempre el género es referencial-el cocinero / la cocinera- también es inmotivado y, por tanto obedece a cuestiones gramaticales -la ambulancia, el delfín,...-. E incluso la diferencia referencial puede reflejarse en lexemas distintos en los sustantivos heterónimos: el caballo / la yegua. Las variaciones de género pueden implicar diatopía o diafasía: la calor, la mar,... El género igualmente puede conducir a oposiciones semánticas por razones de homonimia -el huerto / la huerta-, o por oposiciones de distintos tipos; por ejemplo de agente - instrumento: -el espada / la espada-. Otros lexemas se ven ampliados como marca de femenino: actor / actriz, papa / papisa,...

En cuanto al número, el español tiene morfema de singular ø y los alomorfos de plural -s y -es. El alomorfo de plural -es se añade cuando la palabra acaba en consonante -camiones- o vocal acentuada, normalmente si es -í o -ú: alfonsíes, hindúes,... La norma actual va aceptando el alomorfo -s para las demás vocales tónicas -bebés, sofás, landós, carnés,...-, y para las átonas -coches-. Los extranjerismos no adaptados hacen su plural en -s si acaban en consonante: Le han puesto todos los hándicaps posibles.

El singular es elemento no marcado, por eso puede funcionar por el plural: El alemán[por los alemanes] es amante de la naturaleza. Incluso algunos nombres pueden indicar pluralidad de modo que normativamente admiten un solecismo en la concordancia numérica: La multitud de manifestantes reclamaron mejoras urgentes.

Por otra parte hay sustantivos de número invariable: van siempre en singularia tamtum -la tez- o en pluralia tantum -los añicos-; no deben confundirse éstos con los que son invariables formalmente pero tienen marcado el morfema de número por los determinantes: las hipótesis.Por otro lado, como el género, el variación númerica puede indicar una intención estilística: Estoy hasta las narices de viajar por los mares.



Definición funcional.

Funcionalmente puede ser, dentro de la oración:

• Objeto directo: Me compré una moto.
• Objeto indirecto: Le compré una moto.
• Complemento circunstancial: Vendré el jueves.
• Sujeto: Juan vino pronto.
• Aposición: Juan, el burgalés, quedó conmigo ayer.
• Vocativo: ¡He visto el coche nuevo, Juan!
• Atributo: Juan es el burgalés.
• Complemento del adjetivo: El vestido era rojo siena.


Adyacentes: el adjetivo calificativo.

Definición categorial.

El adjetivo es un modo de categorizar la realidad como ser en otro y de modo graduado o no: expresa por ello una cualidad adjunta a otro elemento: El coche blanco / blanquísimo.

Definición morfológica.

Morfológicamente es un nombre, por tanto tiene los mismos morfemas constitutivos que el sustantivo. Tanto es así que, como vimos, puede aparecer sustantivado. Para algunos autores el hecho de que vaya acompañado de lo, no significa que se transponga categorialmente a sustantivo: estaría adjetivando al pronombre lo, que no funcionaría entonces como artículo: Lo bueno de esto es que solo ha empezado.

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domingo, 23 de marzo de 2008

LENGUAJE VERBAL Y LENGUAJE NO VERBAL



1.- El concepto de comunicación.

Básicamente, para que exista una verdadera comunicación han de darse necesariamente los siguientes factores: un emisor ha de emitir un mensaje, a través de un canal, en forma de una señal, o signo, que un receptor pueda percibir, descifrar e interpretar. Para ello es necesario que ambos compartan el mismo código en que se cifra el mensaje y que éste remita a un determinado referente. Para que se dé un bucle de retroalimentación, o feedback, el receptor ha de ser capaz de asumir las funciones de emisor y, al mismo tiempo, el anterior emisor puede pasar a receptor. De este modo la comunicación no presupone un sujeto activo frente a otro pasivo, pues mientras que el emisor emite, el receptor decodifica y es, a su vez, emisor potencial.

Para Jakobson, a cada factor le corresponde una función, dependiendo de las intenciones comunicativas del emisor:

 Expresiva: pone de relieve la interioridad del emisor: Estoy alegre.
 Conativa: la comunicación se centra en el receptor, esperando un cambio de actitud en éste: ¡Ven!
 Referencial: el enunciado se limita a enfocar el referente: Son las dos en punto.
 Fática: intenta comprobar la viabilidad del canal; así las onomatopeyas en las pruebas de sonido de un concierto.
 Poética: el lenguaje trata de llamar la atención sobre sí mismo: Tres tristes tigres comían en un trigal.
 Metalingüística: El lenguaje se centra en el propio código: “Yo” es un pronombre personal.

Ambos integrantes deben compartir en parte su sistema referencial: comunicar algo sobre lo que el receptor carece de información alguna implica que la interpretación del mismo no sea satisfactoria. Según la Teoría de la Información, un sistema de signos óptimo es aquél que consiga transmitir el máximo de información con el mínimo de unidades sígnicas. Además, si cualquiera de los factores que dificulten la comunicación se llama ruido, mientras que todo aquel recursos destinado a subsanar el ruido se conoce como redundancia, el mejor sistema de comunicación será el que menos posibilidades tengan de ruido y el que mayor número de recursos tenga para redundar el mensaje.

El estudio de la comunicación ha sido estudiada por la semiología y por la semiótica. Saussure definió la semiología como la ciencia que estudia la vida de los signos en el seno de la vida social, haciéndola depender de la sicología y siendo su rama más importante la lingüística. Peirce, por su parte, concibió la semiótica desde un enfoque más logicista que sociológico. Hoy ambas disciplinas se funden a menudo en una y llegan a ser realmente sinónimas desde el momento en que ambas tienen un objetivo común: el del estudio y la clasificación de los sistemas de comunicación y de sus unidades mínimas: los signos.

Un signo es toda aquella sustancia perceptible portadora de significado. Según Reznikov, el signo funciona como vehículo de un significado, como soporte de una información con respecto a un objeto determinado; la relación entre éste y su signo puede ser natural o arbitraria. Los signos se utilizan para percibir, conservar, transformar y retransmitir una información, funcionando como mediatizador entre el hombre y la realidad, hasta el punto de que llega a ser un instrumento capaz de crear un a cultura. Umberto Eco llega a firmar que, de hecho, toda cultura se ha de estudiar como un fenómeno de comunicación, de modo que la semiología será la ciencia que estudie todos los procesos culturales en tanto procesos de comunicación.



De esta manera, el semiólogo italiano ha establecido una taxonomía no cerrada de diferentes semiologías: la animal, o zoosemiótica aborda la comunicación entre animales; la semiología olfativa oscila entre los signos naturales como índices - olor a fresco - y los códigos artificiales de los perfumes, por ejemplo; la táctil es un sistema de comunicación muy usado entre los humanos: el beso, el abrazo,...; la semiología gustativa ha sido abundantemente estudiada por el estructuralista Lévi - Strauss en comunidades primitivas, especialmente fundada en antinomias del tipo dulce/ amargo,...; la semiología del gesto, o kinésica, estudia los gestos corporales con valor significativo, así los movimientos rituales de los sacerdotes budistas o hinduistas, la danza,los guiños,...; la semiología del silbido ha sido muy frecuente entre pueblos primitivos y algunos de ellos se conservan como en La Gomera; la de los lenguajes formalizados, como los matemáticos, los lenguajes de programación informáticos, el de la lógica proposicional,... y, evidentemente la semiología lingüística. Como el mismo autor reconoce, esta tipología es provisional: muchas de las semiologías sufren intersecciones, como la gestual y la animal, y otras faltan: la cromática o los sistemas mixtos audiovisuales.


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martes, 15 de enero de 2008

La comunicación y competencia lingüística


1.- El concepto de comunicación.

Básicamente, para que exista una verdadera comunicación han de darse necesariamente los siguientes factores: un emisor ha de emitir un mensaje, a través de un canal, en forma de una señal, o signo, que un receptor pueda percibir, descifrar e interpretar. Para ello es necesario que ambos compartan el mismo código en que se cifra el mensaje y que éste remita a un determinado referente. Para que se dé un bucle de retroalimentación, o feedback, el receptor ha de ser capaz de asumir las funciones de emisor y, al mismo tiempo, el anterior emisor puede pasar a receptor. De este modo la comunicación no presupone un sujeto activo frente a otro pasivo, pues mientras que el emisor emite, el receptor decodifica y es, a su vez, emisor potencial.

Para Jakobson, a cada factor le corresponde una función, dependiendo de las intenciones comunicativas del emisor:

 Expresiva: pone de relieve la interioridad del emisor: Estoy alegre.
 Conativa: la comunicación se centra en el receptor, esperando un cambio de actitud en éste: ¡Ven!
 Referencial: el enunciado se limita a enfocar el referente: Son las dos en punto.
 Fática: intenta comprobar la viabilidad del canal; así las onomatopeyas en las pruebas de sonido de un concierto.
 Poética: el lenguaje trata de llamar la atención sobre sí mismo: Tres tristes tigres comían en un trigal.
 Metalingüística: El lenguaje se centra en el propio código: “Yo” es un pronombre personal.

Ambos integrantes deben compartir en parte su sistema referencial: comunicar algo sobre lo que el receptor carece de información alguna implica que la interpretación del mismo no sea satisfactoria. Según la Teoría de la Información, un sistema de signos óptimo es aquél que consiga transmitir el máximo de información con el mínimo de unidades sígnicas. Además, si cualquiera de los factores que dificulten la comunicación se llama ruido, mientras que todo aquel recursos destinado a subsanar el ruido se conoce como redundancia, el mejor sistema de comunicación será el que menos posibilidades tengan de ruido y el que mayor número de recursos tenga para redundar el mensaje.

El estudio de la comunicación ha sido estudiada por la semiología y por la semiótica. Saussure definió la semiología como la ciencia que estudia la vida de los signos en el seno de la vida social, haciéndola depender de la sicología y siendo su rama más importante la lingüística. Peirce, por su parte, concibió la semiótica desde un enfoque más logicista que sociológico. Hoy ambas disciplinas se funden a menudo en una y llegan a ser realmente sinónimas desde el momento en que ambas tienen un objetivo común: el del estudio y la clasificación de los sistemas de comunicación y de sus unidades mínimas: los signos.

Un signo es toda aquella sustancia perceptible portadora de significado. Según Reznikov, el signo funciona como vehículo de un significado, como soporte de una información con respecto a un objeto determinado; la relación entre éste y su signo puede ser natural o arbitraria. Los signos se utilizan para percibir, conservar, transformar y retransmitir una información, funcionando como mediatizador entre el hombre y la realidad, hasta el punto de que llega a ser un instrumento capaz de crear un a cultura. Umberto Eco llega a firmar que, de hecho, toda cultura se ha de estudiar como un fenómeno de comunicación, de modo que la semiología será la ciencia que estudie todos los procesos culturales en tanto procesos de comunicación.

De esta manera, el semiólogo italiano ha establecido una taxonomía no cerrada de diferentes semiologías: la animal, o zoosemiótica aborda la comunicación entre animales; la semiología olfativa oscila entre los signos naturales como índices - olor a fresco - y los códigos artificiales de los perfumes, por ejemplo; la táctil es un sistema de comunicación muy usado entre los humanos: el beso, el abrazo,...; la semiología gustativa ha sido abundantemente estudiada por el estructuralista Lévi - Strauss en comunidades primitivas, especialmente fundada en antinomias del tipo dulce/ amargo,...; la semiología del gesto, o kinésica, estudia los gestos corporales con valor significativo, así los movimientos rituales de los sacerdotes budistas o hinduistas, la danza,los guiños,...; la semiología del silbido ha sido muy frecuente entre pueblos primitivos y algunos de ellos se conservan como en La Gomera; la de los lenguajes formalizados, como los matemáticos, los lenguajes de programación informáticos, el de la lógica proposicional,... y, evidentemente la semiología lingüística. Como el mismo autor reconoce, esta tipología es provisional: muchas de las semiologías sufren intersecciones, como la gestual y la animal, y otras faltan: la cromática o los sistemas mixtos audiovisuales.


2.- La clasificación de los signos.

No tiene por qué haber sistema de un sólo tipo de signos: hay sistemas de comunicación mixtos, donde se mezclan signos de diferente naturaleza, como en las artes escénicas. Por otro lado, también es conveniente advertir que la comunicación no precisa de intencionalidad por parte del emisor: ya afirmó Roland Barthes que el hombre es un animal comunicativo porque no puede no comunicar ni dejar de descifrar.

Podemos clasificar los signos según su naturaleza. De un lado tendremos lo naturales, o índices, y, de otro, los artificiales. Los artificiales pueden dividirse en lingüísticos - y éstos a su vez, en auxiliares y fundamentales - y no lingüísticos - divididos en señales, símbolos e iconos -. Los signos naturales no son creados por el hombre, pero sí interpretados por éste: así, la fiebre es índice de enfermedad, o el humo, del fuego.

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